Carta de La Paz
/ Juan León*
El oro o la vida
La gente que vive en los valles chilenos de San Félix y El Tránsito se nutre del agua pura de ríos alimentados por dos glaciares debajo de los cuales se han descubierto grandes depósitos de oro, plata y otros minerales. Para explotarlos, habrá que romper y destruir los glaciares excavando dos túneles tan grandes como una montaña: uno para extraer los minerales y otro para los deshechos.
El proyecto se llama "Pascua Lama" y está a cargo de la compañía Barrik Gold, una multinacional de la cual es socio George Bush padre. El gobierno chileno aprobó el proyecto que debía comenzar a ejecutarse el 2006, pero los campesinos lograron hasta ahora que se lo postergue. Si se destruyen los glaciares no sólo contaminarán el agua pura de los ríos con el cianuro y el ácido sulfúrico utilizados en el proceso de extracción. El oro y la plata serán enviados a la multinacional y a la gente a la que le pertenece esa tierra le quedarán el agua envenenada y las enfermedades consiguientes.
Los campesinos llevan mucho tiempo peleando por su tierra. Pero sus argumentos no han podido hasta ahora llegar muy lejos. A la TV, por ejemplo, por una cuestión burocrática. Su única esperanza es ahora conseguir ayuda de la justicia internacional.
La noticia me la pasó desde Italia un buen amigo, como parte de una cadena internacional que reúne firmas en todo el mundo para pedirle al gobierno chileno que le retire la autorización al proyecto Pascua Lama y proteja los glaciares.
Desde la modestia de esta columna, me sumo al pedido. Comparto la indignación que mueve a "globalizar" la protesta por lo de San Félix y El Tránsito. Y confieso que lo hago con envidia porque esos campesinos, que de antes son paisanos nuestros pues sus valles están en la región de Atacama, lograron lo que muchos de nuestros paisanos bolivianos no pudieron.
¿Quién protesta por la contaminación que provocan las minas del sur en las aguas del Pilcomayo, por ejemplo?. El sábalo no tiene ya el sabor del que comían nuestros padres. Pero no es lo peor. La gente que bebe sus aguas está aprendiendo, a fuerza de ver morir a sus hijos, que algo raro está ocurriendo ríos arriba… sin que a nadie le importe.
Al hablar de recuperar los recursos naturales, en la nueva Constitución o donde sea, hablemos también de preservarlos para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan vivir como vivieron nuestros abuelos; porque el oro, como nos están enseñando las gentes de Atacama, no vale una vida.
*Periodista y columnista boliviano
BIP