Carta de Tarija
/ Humberto Vacaflor
La coca y el verbo 'pretending'
Un ex “paramilitar” colombiano que no quiso dar su nombre dijo que él se
incorporó a las Autodefensas Armadas de Colombia cuando su ciudad, Medellín, había sido tomada por fuerzas combinadas de guerrilleros de izquierda y narcotraficantes. Dejó la organización cuando esas fuerzas fueron expulsadas de su ciudad.
La historia se parece a lo que pasó en Cochabamba el 11 de enero, cuando
jóvenes de clase media decidieron expulsar de esa ciudad a los cocaleros que la habían invadido. Para aumentar las semejanzas con el caso colombiano, un informe de La Razón dice que la policía encontró en Cochabamba entre los cocaleros a venezolanos y cubanos armados.
El policía que dio este informe dice que por alguna razón extraña no siguió la investigación sobre los cubanos y venezolanos armados. Otra información que la policía no ha dado es qué pasó con los cocaleros de Bulo Bulo que emboscaron a una patrulla policial e hirieron a ocho de sus integrantes el 30 de diciembre.
Un informe que se conoció en México en noviembre pasado dijo que el narcotráfico está aplicando una política coordinada, y que ha optado por controlar territorios, incluso países enteros (como Estados que ocupan pequeñas islas en el Caribe). Para los países grandes, el narcotráfico tiene proyectos parciales, de control de algunas zonas, como ocurre en Colombia.
En México y Brasil el narcotráfico está dando batalla para controlar territorios y para eso han sido movilizadas las tropas del ejército en ambos países.
Por alguna razón extraña, los bolivianos hemos optado por no admitir que estamos comprendidos dentro de la geografía del narcotráfico. Es una especie de hipocresía, una hipocresía tan firme que ni siquiera en el exterior se alude a la relación de nuestra economía (y nuestra política), con el narcotráfico.
Los cocaleros del Chapare no necesitan grupos armados, con o sin ideología de izquierda, para que les garanticen sus operaciones, pues se bastan solos. Ellos mismos combaten a la policía o al ejército. Y se refugian en organizaciones sindicales. Y, como se sabe, admitir que existe un problema es comenzar a resolverlo.
Los bolivianos no hemos admitido todavía que tenemos una fuerte adicción a los ingresos de la coca, ni queremos pensar en las conexiones de la industria del narcotráfico con la política. Esta actitud lleva a que, por ejemplo, cuando se habla de investigación de fortunas ilícitas, a nadie se le cruce por la cabeza que habría que investigar también fortunas surgidas de cultivos ilícitos, por ejemplo de coca. Los cocales del Chapare, según todos sabemos, son “excedentarios”, que es la manera hipócrita que hemos elegido para evitar llamarlos ilegales.
Una hipocresía lleva a otra. Los cocaleros del Chapare, con sus cultivos ilegales, que crean fortunas y famas ilícitas, han hecho que el presidente Evo Morales, que es su dirigente sindical, proponga en el MERCOSUR que la coca pueda circular libremente en la región.
Pero la hipocresía boliviana no tiene todas las visas en el pasaporte. No está pudiendo pasar algunas fronteras. El juez argentino Carlos Ferreiro Pella ha puesto en la cárcel a un boliviano que tenía en su poder hojas de
coca en Lomas de Zamora, al sur de la Capital Federal. Lo acusa de estar
comerciando un producto prohibido por las leyes argentinas y por la ONU.
La hipocresía es grosera también. Se ha demostrado que los cultivos legales, como piña, plátano, jengibre, sésamos, etcétera, son tan rentables como la coca en el Chapare. Los cocaleros no aceptan ese debate. Seguramente porque no quieren entrar en el detalle de que la coca es mucho más rentable cuando se toma en cuenta no solamente el precio de la hoja, sino el de sus derivados.
Un famoso productor y exportador de banano en el Chapare dijo que los
cultivos de esa fruta estaban ganándose terreno a la coca. Pero los
cocaleros lo odian. No quieren admitir que la verdadera rentabilidad de la
hoja es mucho mayor y se refugian en la cantaleta de que no tienen otras
fuentes de ingreso.
Y otra hipocresía más. Nuestros economistas dicen que la bonanza que se vive ahora en Bolivia se debe a las remesas de los bolivianos de la diáspora. Y nadie ha hecho el menor esfuerzo por saber cuántos narcodólares están ingresando debido al aumento en los cultivos de coca y de sus derivados.
Total, el mundo está lleno de hipocresías. Si George W. Bush inventa una
guerra para satisfacer a sus amigos de la industria bélica, por qué los bolivianos no podríamos participar en otros negocios. Just pretending to be
legal. “Pretending” es un verbo que lo estamos necesitando.
BIP