Carta de Tarija
/ Humberto Vacaflor
Las potencias del gas
Los bolivianos hemos viviendo una ilusión con esto de que las reservas de gas natural nos colocaban en la lista de las potencias gasíferas. Y nos pusimos a pelear incluso ante la idea de que lleguen las regalías por la explotación de esa riqueza.
Aquí hubo una confabulación entre la geología y la naturaleza de las empresas petroleras.
Las empresas inflaron las cifras y en cierto momento se nos dijo que las reservas eran de 52 TCF. No nos decían que estaban sumando reservas probadas con reservas probables. Eran cálculos alegres. Después se supo que ayudaban a que las empresas se coticen mejor en las bolsas de valores.
Pero además vino la nacionalización, o esa cosa que los bolivianos hemos decidido llamar nacionalización. Las empresas perdieron interés y además se sintieron amenazadas. Ahora, en realidad, están con las valijas hechas.
Y así, de pronto, el sueño del gas se está acabando muy pronto, demasiado pronto. Quizá sea mejor. Así los bolivianos tendremos que esforzarnos en actividades económicas diferentes, ya no de explotación de recursos naturales no renovables. Y tampoco concentrarnos en un solo producto, un recurso natural renovable: la coca.
Lo cierto es que ahora, según los cálculos menos apasionados, las reservas probadas son de 16 TCF, debido a que se perdieron 3 TCF con el accidente de Margarita. En el mundo entero hay reservas probadas de 6.112 TCF. Rusia tiene 1.680, Irán 971, Qatar 911, Arabia Saudita 241, Estados Unidos 214… La lista es larga. Los que tienen más de 50 TCF son 20 países que, juntos, suman 5.510 TCF. El resto del mundo tiene 602 TCF. Y en ese resto está Bolivia, con sus 16 TCF. Equivale a 0,26 por ciento de las reservas del mundo.
Quizá haya llegado el momento en que se piense dejar el gas para los bolivianos. Es tan poco. Porque si a Brasil se debe enviar 7 TCF, a Argentina otros 7 TCF, lo que queda es muy poco y quizá ni alcance para la Jindal.
Y entonces se habrá hecho cierto aquello de que el gas es para los bolivianos. Porque para los demás no alcanza. No es que seamos egoístas. Es que no hay gas. Los países vecinos tendrán que comprender. Y de paso no nos seguirán mirando con tanta angurria.
BIP