Terrorismo “en el nombre de Dios”
¿Puede un pequeño grupo, apéndice marginal de la organización terrorista islámica Al Qaedda, cambiar la agenda y las intenciones del cónclave de los más poderosos de la globalidad? Parece que pudo. Lo que ocurrió en Londres a comienzos de julio es más confuso de lo que parece.
Lo cierto es que importantes medios, comenzando por el casi infalible NY Times ya han informado, casi resignadamente que la agenda del G8 reunido en Escocia, ha cambiado radicalmente el clima y la temática de la alborotada cumbre
De estar previsto el tema del recalentamiento de la Tierra y la pobreza lacerante y potencialmente explosiva de África, el foro ha pasado a ser un escenario donde George Bush y Tony Blair pidieron al G8 que se unan todos detrás de ellos en su proclamada guerra global contra el terrorismo.
Blair aludió al “terrorismo islámico” incluso antes de que la BBC difundiera al mundo el mensaje de la rama europea de la organización terrorista.
El asunto del recalentamiento de la atmósfera terrestre es un tema que enfrenta a Washington con muchos de los países de la Unión Europea, ya que EE.UU. es el principal difuminador de éteres, humaredas y gases contaminantes. Y el presidente Bush se opone a poner reglamentos y controles a las grandes industrias, cuyos lobistas en Washington canalizan generosas contribuciones para las campanas políticas del partido Republicano.
Con respecto al apoyo al África, Bush es reticente a las grandes aportes que se requieren y que el propio Blair le había sugerido que debería reforzar. La BBC informo que, pese a los contratiempos, el G-8 aprobó un refuerzo de 50 mil millones de dólares para la ayuda a los pobres del mundo. Este tema venia precedido de una campana de música pop que pedía mayor generosidad al G-8. Al final, los organizadores, incluyendo los músicos irlandeses Bono y Geldof entre otros, quedaron mustios y colgando en el ridículo, porque la reunión del G-8 se dedicó a otra cosa: cómo proteger el transporte masivo del fanatismo islámico que se origino y financia Arabia Saudita.
El grupo que se atribuyó los atentados, autodenominado “organización secreta de Al Qaedda”, encabezó su comunicado sobre la acción contra el gobierno británico, “cruzado y sionista”, afirmando que actuaba en “el nombre de Dios”.
Un día antes, una noticia de Kabul pasó inadvertida: El gobierno de Barzai de Afganistán protestó por la incursión de un avión artillado norteamericano que mató una veintena de civiles afganos que no tenían nada que ver con los talibanes.
Barzai es un firme aliado de Washington. Se supone que la guerra de Afganistán terminó y sus habitantes fueron liberados. Y, sin embargo, siguen muriendo civiles afganos en episodios de tipo bélico. Que es eso, ¿“friendly terrorism”? Mas de una vez el propio Bush y sus voceros han dado a entender que actúan “en nombre de Dios”. Esa es la otra monserga, repetida hasta el cansancio, de evangélicos bushistas como Pat y Gordon Robertson que contribuyen al mesianismo de ciertos políticos norteamericanos.
La mezcla de fanatismo religioso con geopolítica, produce diversas formas de terrorismo en la globalidad.
BIP